La energía más barata es la que el edificio no necesita: Passivhaus, cero emisiones y las nuevas obligaciones energéticas

Europa avanza hacia edificios de cero emisiones y la construcción pasiva gana protagonismo como una de las vías para reducir el consumo energético desde el propio diseño

La eficiencia energética de los edificios se ha convertido en una de las grandes prioridades de Europa. El objetivo ya no pasa únicamente por instalar sistemas de climatización más eficientes o incorporar energías renovables, sino también por conseguir que los propios edificios necesiten menos energía para funcionar. En este contexto, el estándar Passivhaus ha ganado protagonismo como modelo de construcción orientado a reducir al mínimo las necesidades de calefacción y refrigeración sin renunciar al confort interior.

Nacido en Alemania a finales de los años 80, el concepto Passivhaus fue impulsado por Wolfgang Feist y Bo Adamson. El primer proyecto construido se desarrolló en Darmstadt-Kranichstein, Alemania, a comienzos de los años 90, y sirvió como referencia para demostrar el potencial de este enfoque de alta eficiencia energética. Desde entonces, el Passivhaus Institut, fundado en Darmstadt en 1996, ha continuado investigando, desarrollando y actualizando los criterios, herramientas de planificación y sistemas de certificación asociados al estándar.

A partir de ahí, Passivhaus se ha extendido a viviendas, oficinas, colegios, edificios públicos y otros inmuebles en distintos países europeos, incluido España. Su planteamiento encaja con una tendencia cada vez más presente en el sector: actuar sobre el diseño y la envolvente del edificio para reducir la demanda energética antes de depender de equipos o sistemas adicionales.

¿Qué es un edificio Passivhaus?

Passivhaus no es un tipo concreto de vivienda ni obliga a utilizar unos materiales determinados. Se trata de un estándar que establece una serie de criterios para conseguir edificios con un consumo energético muy reducido. Entre ellos se encuentran una elevada calidad del aislamiento térmico, el uso de ventanas de altas prestaciones, una envolvente con gran hermeticidad al aire, la reducción de puentes térmicos y un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor.

El principio es relativamente sencillo: cuanto mejor conserve un edificio su temperatura interior, menos energía necesitará para calentarse en invierno o enfriarse en verano. Uno de los elementos característicos de este tipo de construcción es la ventilación mecánica con recuperación de calor, que permite renovar el aire interior aprovechando parte de la energía del aire que se expulsa al exterior.

Europa mira hacia los edificios de cero emisiones

El crecimiento de este tipo de construcción coincide con un cambio importante en la política energética europea. La Directiva (UE) 2024/1275 relativa a la eficiencia energética de los edificios, conocida como EPBD por sus siglas en inglés, establece que los nuevos edificios propiedad de organismos públicos deberán ser de cero emisiones a partir del 1 de enero de 2028, mientras que este requisito se extenderá a todos los edificios nuevos desde el 1 de enero de 2030. El horizonte regulatorio refuerza así la importancia de reducir la demanda energética desde las primeras fases del proyecto.

Esto sitúa cuestiones como el aislamiento, el diseño de las fachadas, la orientación, la ventilación o el aprovechamiento de energías renovables en el centro de la construcción del futuro. La razón es clara: los edificios representan aproximadamente el 40 % del consumo energético de la Unión Europea, por lo que mejorar su comportamiento energético es una de las principales herramientas para reducir tanto el consumo como las emisiones asociadas.

Menos demanda antes que más energía

La filosofía de Passivhaus parte de una idea sencilla: antes de producir más energía, hay que intentar necesitar menos. Una vivienda o edificio bien aislado pierde menos calor durante el invierno y se protege mejor de este durante el verano, lo que permite mantener unas condiciones interiores más estables y reducir el uso continuo de calefacción o aire acondicionado.

El diseño también juega un papel importante. La orientación del edificio, la entrada de luz solar o la colocación de protecciones frente al sol pueden influir directamente en la cantidad de energía necesaria durante el año. La eficiencia, por tanto, no depende únicamente de la tecnología instalada, sino también de decisiones arquitectónicas que condicionan el comportamiento energético del inmueble desde su origen.

El confort también forma parte de la ecuación

La eficiencia energética no es el único objetivo. Una construcción bien aislada y correctamente ventilada puede ayudar a mantener temperaturas más uniformes y reducir corrientes de aire o cambios bruscos de temperatura. A ello se suma la ventilación continua, que favorece la renovación del aire interior y permite compatibilizar un menor consumo energético con unas condiciones interiores más estables.

Este enfoque ya se aplica en proyectos de distinta naturaleza. En España existen numerosos edificios construidos conforme al estándar Passivhaus, desde viviendas particulares y edificios plurifamiliares hasta oficinas, centros educativos, hoteles y edificios públicos, lo que muestra que sus principios pueden trasladarse a tipologías y usos muy diferentes.

Passivhaus y edificio de cero emisiones no son lo mismo

Aunque ambos conceptos están relacionados, no son equivalentes. Passivhaus es un estándar voluntario de construcción y certificación, mientras que el concepto de edificio de cero emisiones forma parte de la nueva regulación europea sobre eficiencia energética de los edificios. Por tanto, cumplir los criterios de uno no significa automáticamente estar ante la misma figura regulatoria ni responder exactamente a los mismos requisitos.

Sin embargo, ambos comparten un mismo objetivo: conseguir edificios que necesiten mucha menos energía para funcionar. Por eso, las soluciones asociadas a la construcción pasiva pueden desempeñar un papel importante en la transición hacia el nuevo modelo de edificación que Europa plantea para los próximos años, especialmente allí donde reducir la demanda energética desde el diseño sea una prioridad.

2030 empieza a construirse hoy

Los objetivos europeos están cambiando la forma de entender la eficiencia energética. Ya no se trata únicamente de consumir energía de una manera más eficiente, sino de diseñar edificios que necesiten menos desde el principio. Aislamiento, ventilación, orientación, energías renovables y control del consumo pasan así a formar parte de una misma estrategia orientada a mejorar el comportamiento energético del edificio durante toda su vida útil.

Pero el desempeño de un edificio no depende únicamente de cómo se construye. Una vez entra en funcionamiento, también resulta necesario medir consumos, establecer objetivos, identificar desviaciones y mantener una mejora continua. Es precisamente en esta fase donde los sistemas de gestión permiten trasladar los principios de eficiencia energética a la operativa diaria de empresas y organizaciones.

Normas como ISO 50001:2018 proporcionan un marco para gestionar de forma sistemática el uso y consumo de la energía y mejorar el desempeño energético. A su vez, ISO 14001:2015 permite integrar estos esfuerzos dentro de una gestión ambiental más amplia, teniendo en cuenta aspectos como el consumo de recursos, las emisiones o la mejora del comportamiento ambiental de la organización. Incluso ISO 9001:2015 puede contribuir a estructurar procesos, responsabilidades, seguimiento y mejora continua cuando la gestión de instalaciones forma parte de la actividad de la organización.

La certificación de estos sistemas permite, además, someter esa gestión a una evaluación independiente y demostrar que la organización dispone de procesos estructurados para controlar y mejorar su desempeño. En este ámbito, URS Spain, como entidad de certificación independiente, puede evaluar y certificar sistemas de gestión conforme a normas como ISO 50001:2018, ISO 14001:2015 e ISO 9001:2015, dentro de sus correspondientes alcances.

Porque la eficiencia de un edificio comienza en su diseño, pero mantenerla en el tiempo depende también de cómo se gestiona. El camino hacia los edificios de menor consumo no termina con mejores materiales o soluciones constructivas: continúa con datos, objetivos, controles y sistemas de gestión capaces de convertir la eficiencia energética en un proceso continuo y verificable.

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